
El litoral de la Safor ha vivido, durante los últimos años, una tradición veraniega que combinaba festividad y reivindicación: cadenas humanas que se extendían por la arena para denunciar la erosión y reclamar una solución urgente. Estas manifestaciones, siempre con un tono de «comboi» y una amplia participación de turistas y residentes, se habían convertido en un símbolo de la preocupación colectiva frente al avance del mar. Sin embargo, este año la escena ha cambiado radicalmente y las playas de Miramar, Piles, Bellreguard y Daimús han permanecido en silencio, sin la presencia de esas movilizaciones que antes marcaban el calendario estival.
La ausencia de protestas no es fruto del desinterés, sino el resultado de una convergencia de factores que han llevado a los convocantes a adoptar una postura de prudencia. La asociación Salvem les Platges, cuyos miembros han sido los artífices de las cadenas humanas, ha decidido esperar a que se concrete un proceso administrativo que, según confían, podría poner fin definitivo al problema de la pérdida de arena. Mientras tanto, el entorno natural ha mostrado señales de recuperación, aunque frágiles, lo que ha disminuido la percepción de urgencia entre la población.
El contexto de las protestas veraniegas
Desde 2020, tras el devastador temporal Gloria, la costa sur de Gandia sufrió una pérdida significativa de arena seca, dejando tramos de playa prácticamente desprovistos de su zona de recreo. En respuesta, Salvem les Platges organizó, año tras año, cadenas humanas que alcanzaban varios kilómetros de longitud, involucrando a cientos de personas y atrayendo la atención de medios locales y nacionales. Estas acciones, más allá de su carácter simbólico, buscaban presionar a las administraciones para que aprobaran proyectos de regeneración que fueran técnicamente sólidos y ambientalmente respetuosos.
El tono de las movilizaciones siempre fue festivo, con música, comida y una fuerte presencia de veraneantes que se sumaban espontáneamente. Esa combinación de protesta y ocio había generado una especie de ritual veraniego que, pese a su naturaleza reivindicativa, era percibido como una actividad más del calendario de ocio costero. La asociación, consciente de la dificultad logística de reunir a tantas personas, había comenzado a evaluar la conveniencia de continuar con las mismas formas de acción.
En el verano de 2023 se formó una de las últimas cadenas humanas documentadas, situada a la altura de la playa de Miramar. Ese evento marcó, sin saberlo entonces, el punto de inflexión: a partir de ahí, los dirigentes de la asociación empezaron a monitorizar de cerca los trámites del proyecto de regeneración que Costas tenía en marcha, esperando una señal clara que justificara la suspensión de las protestas.
Las razones de la calma estival
El principal motivo que explica la ausencia de movilizaciones este verano está vinculado a la espera de la publicación en el BOE de la adjudicación del proyecto de regeneración. El proyecto ya había obtenido una Declaración de Impacto Ambiental favorable y, tras un proceso de alegaciones presentado tanto por la asociación como por los ayuntamientos de la zona, Costas ha aceptado la mayoría de esas observaciones. Los convocantes consideran que, una vez que el proyecto esté oficialmente licitado y asignado, la problemática entrará en una vía de solución concreta, lo que hace innecesario mantener la presión pública mediante protestas.
Además, el estado de las dunas y la zona de arena seca ha mejorado notablemente respecto a los años precedentes. Los alcaldes de Bellreguard y Daimús han señalado que, al no haber ocurrido temporales de levante intensos en las últimas estaciones, la playa ha ido recuperando de forma natural parte del sedimento perdido. Este proceso de regeneración espontánea, aunque limitado, ha contribuido a reducir la percepción de crisis inmediata entre la población y los veraneantes.
Javier Cremades, presidente de Salvem les Platges, ha confirmado que no está prevista ninguna acción de protesta este verano precisamente por esas razones. Añade que organizar una cadena humana requiere una coordinación compleja y el apoyo activo de los ayuntamientos, factores que, en el contexto actual, no se consideran necesarios mientras se aguarda la resolución administrativa.
El estado de las dunas y la regeneración natural
Los arenales de la zona, pese a su vulnerabilidad estructural, presentan actualmente una mejoría respecto a la situación de hace un par de años. En Bellreguard, el alcalde Àlex Ruiz matiza que, aunque la playa está mejor, aún no se ha recuperado lo perdido con el temporal Gloria de 2020. En Daimús, el alcalde Robert Miñana destaca el papel del escaso cordón dunar que se salvó del ladrillo y que, gracias al mantenimiento municipal, está actuando como un freno que favorece la acumulación de aridillos.
No obstante, el punto más crítico sigue siendo la zona central de la playa de Piles, donde la falta de un sistema dunar robusto deja la costa expuesta a la acción del mar. Los técnicos advierten que, si este otoño se produjera un temporal de levante similar al llamado Harry, que afectó gravemente a Tavernes de la Valldigna, la arena recién acumulada podría desaparecer rápidamente, volviendo a dejar la playa en una situación de precariedad.
Esta fragilidad subraya por qué, pese a la mejoría aparente, la asociación y los ayuntamientos mantienen una postura cautelosa. La solución que consideran definitiva no puede basarse únicamente en la recuperación natural; se requiere una intervención estructural que garantice la estabilidad del litoral frente a eventos extremos.
El proyecto de regeneración de Costas
El proyecto que finalmente salió de Costas se describe como una «solución blanda», descartando la incorporación de arrecifes artificiales que inicialmente habían sido considerados. En su lugar, propone la creación de un gran cordón dunar continuo que se extienda desde la desembocadura del río Serpis, en Gandia, hasta el dique de protección del puerto deportivo de Oliva, abarcando una distancia total de 8 km. Para lograrlo, se prevé un aporte de arena de hasta 1,3 millones de metros cúbicos, material que se extraerá de zonas autorizadas y se distribuirá a lo largo del tramo mencionado.
Iniciado en 2022, el proyecto fue revisado y mejorado en 2025 tras las alegaciones presentadas por Salvem les Platges y los diversos ayuntamientos afectados. Esas contribuciones permitieron ajustar el diseño inicialmente propuesto, incorporando medidas que refuerzan la estabilidad del cordón dunar y minimizan el impacto sobre los ecosistemas adyacentes. La entidad confía en que, una vez ejecutado, el proyecto ofrecerá una barrera eficaz contra la erosión y favorecerá la retención natural de sedimentos.
Cremades se muestra satisfecho con el resultado final del proyecto, destacando que la eliminación de los arrecifes artificiales responde a una demanda vecinal y ambiental que buscaba una intervención menos invasiva. La asociación, que además forma parte a nivel nacional de la entidad Som Mediterrània, continuará vigilando la fase de licitación y la posterior ejecución para garantizar que se respeten los compromisos adquiridos.
Voces de los alcaldes y la asociación
Los alcaldes de los municipios involucrados han coincidido en señalar que la mejora observada en las playas no es motivo para bajar la guardia, sino una oportunidad para acelerar la ejecución del proyecto de regeneración. Àlex Ruiz, de Bellreguard, insiste en que cualquier retraso podría volver a poner en peligro los avances logrados, especialmente si se produce un episodio meteorológico adverso antes de que el nuevo cordón dunar esté plenamente consolidado.
En Daimús, Robert Miñana subraya la importancia del cordón dunar residual que ha sobrevivido a la presión urbanística y que, bajo el cuidado municipal, está funcionando como un elemento de freno natural. Señala que ese pequeño tramo, pese a su modestia, está contribuyendo a la acumulación de arena en zonas adyacentes, lo que podría servir como modelo para futuras intervenciones de menor escala.
Desde la perspectiva de Salvem les Platges, la decisión de suspender las protestas responde a una estrategia de esperar el momento adecuado para actuar. La asociación mantiene su tradicional asamblea anual, que se celebrará en Bellreguard durante agosto, en una fecha todavía por determinar. En ese encuentro se presentarán los detalles del proyecto de Costas a los socios y se debatirá sobre las próximas pasos de vigilancia y posible participación activa en la fase de seguimiento.
El futuro incierto frente a los temporales
Aunque la situación actual muestra una relativa tranquilidad, los expertos advierten que la costa de la Safor sigue siendo altamente susceptible a los efectos del cambio climático y a la variabilidad de los patrones de viento y oleaje. El reciente informe de Greenpeace titulado «Destrucción a toda costa 2026» ha puesto de relieve la dramática reducción de la arena seca en otras zonas del litoral valenciano, como la playa de Tavernes de la Valldigna, que ha pasado de tener 50 metros de arena seca en la década de 1960 a apenas 5 metros en la actualidad.
Estos datos sirven como recordatorio de que la recuperación observada en la zona sur de Gandia puede ser efímera si no se acompaña de una intervención estructural duradera. La posibilidad de un temporal de levante intenso en los próximos meses podría revertir los avances logrados y volver a exponer la fragilidad de los arenales. Por ello, tanto la administración como los colectivos ciudadanos insisten en la necesidad de que el proyecto de Costas avance sin retrasos y que se establezcan mecanismos de mantenimiento y vigilancia a largo plazo.
Implicaciones estratégicas para el futuro del litoral
La ausencia de protestas este verano no debe interpretarse como una señal de que el problema haya desaparecido, sino como una pausa táctica mientras se aguarda la materialización de una solución administrativa y técnica. La confianza depositada en el proyecto de Costas refleja un consenso entre administraciones, técnicos y la sociedad civil acerca de la necesidad de una intervención basada en el aporte masivo de arena y la restauración del cordón dunar como medida de protección primaria.
Desde un punto de vista estratégico, la ejecución exitosa de este proyecto podría sentar un precedente para otros tramos del litoral mediterráneo que enfrentan desafíos similares. La combinación de soluciones blandas, participación ciudadana en la fase de planificación y un seguimiento riguroso podría convertirse en un modelo de gestión costera sostenible. Además, la experiencia adquirida en la Safor podría alimentar los debates nacionales sobre la revisión del Reglamento General de Costas, especialmente en lo referente a los criterios que determinan el dominio público marítimo terrestre.
Por último, la situación actual invita a reforzar la cooperación intermunicipal y la implicación de los veraneantes en la vigilancia del estado de las playas. Iniciativas como la reciente Murtera Cup ONC en Palma de Gandia demuestran que el deporte y la cultura pueden servir como vehículos para concienciar sobre la preservación del entorno litoral. Del mismo modo, artículos que abordan la arquitectura de la seguridad en la Safor subrayan la necesidad de una respuesta coordinada frente a riesgos ambientales y sociales.
En definitiva, el verano sin cadenas humanas en las playas al sur de Gandia es un síntoma de que las partes involucradas han optado por la vía institucional y técnica para abordar una problemática que, de otro modo, seguiría generando movilizaciones ciudadanas. La verdadera prueba estará en la capacidad del proyecto de regeneración para resistir los embates del mar y devolver a la costa su funcionalidad y su valor ecológico y recreativo en los años venideros.




