
Introducción: el coste oculto de una remodelación mal calculada
Este artículo examina con lupa una de las anomalías urbanísticas y de gestión pública más reveladoras del año en la comarca de la Safor: la necesidad de instalar generadores exteriores de climatización en el Mercat Municipal del Prado de Gandia apenas siete meses después de concluirse una remodelación integral valorada en 2,1 millones de euros. La noticia, que podría parecer un incidente menor de mantenimiento, destapa en realidad una falla estructural en la planificación técnica de infraestructuras públicas locales y plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de los modelos de colaboración público-privada impulsados por el Gobierno de Gandia.
El Mercat del Prado, uno de los ejes comerciales tradicionales de la ciudad, fue sometido a una intervención profunda cuyo fin oficial se certificó en noviembre de 2025. Aquella obra no solo renovó la imagen del recinto, sino que incorporó mejoras en los sistemas de aire acondicionado y ventilación, elementos críticos en un mercado de alimentación donde la cadena de frío y el confort del cliente son determinantes para la viabilidad económica de los 13 locales adjudicados. Paralelamente a la remodelación, la explotación del mercado fue transferida a una empresa privada mediante un contrato de gestión por 12 años, un esquema que pretende desligar al Ayuntamiento de la operación diaria pero que, como veremos, no exime a la administración de responsabilidades técnicas ni financieras.
Desde una perspectiva de la industria de la construcción y la climatización, el error detectado no es baladí: se trata de un desajuste en la carga térmica calculada. En un recinto de estas características, el dimensionamiento de los equipos de HVAC (calefacción, ventilación y aire acondicionado) debe contemplar no solo la envelope del edificio —muros, cubiertas, orientación— sino también las cargas internas dinámicas: aparatos de refrigeración comercial, iluminación y ocupación humana. Que el proyecto ejecutado no integrara el hecho previsible de que los nuevos adjudicatarios instalarían neveras y otros equipos emisores de calor revela una carencia de estudios de viabilidad operativa básicos. En un contexto donde Gandia tiene 5.000 habitantes más que hace tres años, la presión sobre equipamientos públicos crece y los márgenes de error en el diseño técnico se vuelven políticamente intolerables.
La instalación urgente de dos generadores alquilados a una empresa de Barcelona, con un coste de 34.000 euros hasta el 1 de septiembre, y la aportación de 7.000 euros por parte del Ayuntamiento, no es más que un parche que ilustra la deriva del gasto público cuando la planificación inicial falla. Este artículo indaga en las causas, los responsables y, sobre todo, en el impacto a largo plazo de un error que amenaza con repetirse si no se auditan los procesos de licitación y dirección de obra.
Cuerpo: anatomía de un fallo previsible y sus consecuencias
El origen técnico del colapso térmico
Según las explicaciones recabadas en la gestión del mercado, el sistema de aire acondicionado «nunca ha dejado de funcionar», pero es incapaz de refrescar adecuadamente el interior desde finales de junio, con la llegada de las altas temperaturas estivales. La causa raíz es un error de cálculo en la renovación de la climatización: no se calcularon bien los focos más calientes del recinto ni se previó la carga térmica adicional generada por el equipamiento de los comerciantes y la afluencia de público. En climatización, subdimensionar la potencia frente a la carga real implica no solo ineficiencia energética, sino also acortamiento de la vida útil de los equipos por trabajar en régimen de sobreesfuerzo permanente.
Gestión privada y responsabilidad pública
La empresa gestora, que asumió el mercado en noviembre de 2025 por un período de 12 años, intentó mitigar el problema con equipos móviles insuficientes antes de recurrir al alquiler externo. Rubén Santos, socio de la gestora, confirmó que los dos aparatos de refuerzo —ubicados junto a la calle Rausell— fueron alquilados a una compañía de Barcelona. El desembolso de 34.000 euros hasta septiembre ha sido mayoritariamente adelantado por la empresa, con una subvención de 7.000 euros del consistorio, y aún se negocia quién asumirá el coste final. Este punto es clave: el contrato de gestión no especifica claramente si los vicios de diseño de la obra pública previa son transferibles al operador privado.
Impacto económico inmediato y a largo plazo
Las quejas de trabajadores y clientes produjeron una disminución de la afluencia y, en cascada, una caída en las ventas de los comercios. En un modelo donde el gestor cobra probablemente sobre rentas o facturación, la pérdida de tráfico es un riesgo sistémico. A largo plazo, si la solución definitiva se demora —el Ayuntamiento reconoce que agosto y las vacaciones retrasarán el nuevo estudio—, la deslealtad del consumidor hacia el mercado municipal beneficiará a la gran distribución y al comercio informal, erosionando el tejido económico local.
El ruido y la convivencia urbana
Aunque no hubo quejas vecinales iniciales, el Ayuntamiento instalará pantallas acústicas y la gestora apagará los generadores por la noche. Es una medida paliativa que evidencia cómo la improvisación ocupa el espacio público exterior, antes libre, con maquinaria industrial que debería estar integrada en la arquitectura.
Contexto político y presupuestario
El problema surge en un momento de tensión presupuestaria regional, donde Compromís y PP chocan por los presupuestos de la Generalitat y las inversiones sanitarias en Gandia. Cada euro desviado a parches de climatización es un euro que no va a servicios esenciales. La coordinadora general de Urbanismo, Maite Alonso, y el alcalde, José Manuel Prieto, han mostrado preocupación, pero la ciudadanía exigirá auditorías sobre el proyecto de 2,1 millones.
Conclusión: implicaciones estratégicas de un error de diseño
El caso del Mercat del Prado no es un simple contratiempo estival; es un síntoma de una cultura de la obra pública local que prioriza la inauguración sobre la funcionalidad. Las implicaciones estratégicas son múltiples. Primero, el coste real de la remodelación se ha incrementado un 1,6% adicional solo en climatización de emergencia, sin contar el futuro reajuste. Segundo, la credibilidad del modelo de gestión privada a 12 años queda en entredicho si el Ayuntamiento debe rescatar financieramente al operador. Tercero, la planificación urbana en Gandia debe integrar estudios de carga térmica dinámica obligatorios, especialmente con el aumento demográfico constatado. Cuarto, la falta de previsión frente a equipos comerciales internos sugiere una desconexión entre proyectistas y usuarios finales. El retraso estival en la solución definitiva amenaza con perpetuar la pérdida de competitividad del mercado. En definitiva, esta noticia demuestra que la infraestructura mal pensada es la más cara: pagamos dos veces por lo que una vez mal hicimos.




