Gandia Traza un Nuevo Rumbo para su Planta de Biomasa: Hacia una Gestión Mancomunada y una Ubicación Consensuada

Vicente Roig Sanchis
Vicente Roig Sanchis
Gandía | Periodista especializado en información local y desarrollo regional con una trayectoria recorriendo la geografía de navarra y analizando los municipios. Dedicado a desgranar la actualidad comunitaria, las historias de proximidad y las tradiciones de nuestra tierra de forma clara, rigurosa y accesible para todos los lectores.
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Gandia Traza un Nuevo Rumbo para su Planta de Biomasa: Hacia una Gestión Mancomunada y una Ubicación Consensuada

Desde las orillas del Mediterráneo, la ciudad de Gandia se erige como un epicentro de debate y planificación estratégica en la gestión de residuos y la sostenibilidad energética. Lo que comenzó como un proyecto local para una planta de biomasa, destinado a transformar los restos vegetales en recursos útiles, ha evolucionado rápidamente hacia una propuesta de mayor alcance, contemplando ahora una gestión que podría trascender las fronteras municipales y una búsqueda de ubicación más compleja y dialogada. Esta reorientación estratégica surge tras un intenso proceso de deliberación pública y una escucha activa a las preocupaciones ciudadanas, marcando un hito en la forma en que la administración local aborda iniciativas de impacto ambiental.

El Gobierno de Gandia, liderado por el alcalde José Manuel Prieto, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de que la futura infraestructura no sea solo una empresa de la capital de la Safor, sino que involucre a varios municipios de la comarca, o incluso se opte por una externalización de su manejo. Esta apertura no solo busca optimizar recursos y eficiencias, sino también distribuir la responsabilidad y los beneficios de una instalación clave para el futuro de la gestión de residuos en la región. La medida llega en un momento crucial, donde la normativa europea endurece las exigencias sobre el tratamiento de desechos orgánicos y la prohibición de las tradicionales quemas agrícolas se vislumbra en el horizonte, forzando a los ayuntamientos a buscar alternativas innovadoras y sostenibles.

El Descarte de Marxuquera y la Búsqueda de un Consenso Territorial

La primera y más significativa noticia en este proceso ha sido la confirmación de que la planta de biomasa no se ubicará en la antigua cantera de Marxuquera. Este emplazamiento, inicialmente considerado por la Concejalía de Medio Ambiente, ha sido descartado de manera categórica tras un contundente rechazo vecinal. La comunidad de Marxuquera, conocida por su entorno natural y su tranquilidad, expresó vehementemente su preocupación por los posibles impactos ambientales y logísticos de la planta. Temores sobre la emisión de humos u olores, así como el incremento del tráfico de vehículos pesados para el acceso a la instalación, motivaron una movilización que ha sido atendida por las autoridades locales.

El alcalde Prieto, quien hizo estas declaraciones el pasado martes precisamente desde Marxuquera, no solo confirmó el cambio de planes sino que también lamentó lo que calificó como «polémicas estériles donde no las hay». En este mismo contexto, el edil aprovechó para anunciar una significativa inversión de cerca de 500.000 euros, provenientes de fondos propios municipales, destinados a mejorar el sistema de alcantarillado en las urbanizaciones más afectadas de la zona, una medida que busca atender otras necesidades urgentes de la comunidad. Para más detalles sobre esta importante inversión, se puede consultar la noticia sobre la inversión de 500.000 euros para solucionar los problemas de cortes de agua en Marxuquera.

La búsqueda de una nueva ubicación, por tanto, se ha convertido en una prioridad. Para ello, se ha constituido una comisión mixta de amplio espectro, que incluye a técnicos municipales, expertos de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), representantes de sindicatos agrícolas, así como figuras políticas y vecinales. Este órgano colegiado tiene la misión de identificar el lugar más idóneo, basándose en criterios técnicos y de impacto social. La premisa es clara: «Tenemos que adaptar esta infraestructura a un terreno que tenga la catalogación adecuada y provoque las menores molestias posibles», tal como lo enfatizó el alcalde.

Beneficios Ambientales y el Coste de la Demora

La necesidad de esta planta de biomasa en Gandia va más allá de la mera gestión de residuos. Este tipo de instalaciones son fundamentales para el ciclo de la economía circular, aprovechando restos vegetales, como los derivados de las podas de particulares y ayuntamientos, o residuos orgánicos, para generar compost. Este abono, rico en nutrientes, representa una valiosa contribución para la mejora de la salud del suelo y la agricultura local. Además, la planta ofrecerá una solución concreta a las inminentes exigencias de la normativa europea sobre la gestión de residuos vegetales, anticipándose a la futura prohibición de las tradicionales quemas agrícolas, una práctica que, si bien arraigada, es cada vez más cuestionada por su impacto ambiental. Los servicios municipales de parques y jardines también se verán directamente beneficiados al contar con un destino eficiente y sostenible para sus desechos.

No obstante, esta demora en la definición de la ubicación ha tenido una consecuencia económica tangible: la pérdida de una subvención de 218.000 euros que había ofrecido la Generalitat. Esta ayuda, que representaba la mitad del coste total del proyecto, estaba condicionada a que la planta fuera una realidad operativa antes del año 2025. A pesar de este revés financiero, el gobierno local mantiene firme su convicción sobre la necesidad y la viabilidad del proyecto, subrayando su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en la gestión de residuos. La aspiración es que esta planta complemente otras iniciativas de gestión de residuos en la ciudad, como el nuevo plan que Gandia combinará contenedores con el sistema puerta a puerta.

La historia de la antigua cantera del Racó de Tomba, situada en la vertiente este de la Serra Grossa, añade una capa de contexto a este debate. Esta cantera nunca fue regenerada tras el cese de su explotación. El Ayuntamiento de Gandia la adquirió con la visión de transformarla en un gran bosque, un proyecto que, hasta la fecha, no se ha materializado. En 2018, sirvió temporalmente como almacén para la leña cortada tras el grave incendio que asoló el paraje, pero poco más. Este antecedente subraya la complejidad de gestionar terrenos industriales abandonados y la sensibilidad que rodea cualquier propuesta de uso para estas zonas.

La ciudad de Gandia se encuentra, por tanto, en una encrucijada estratégica que definirá su modelo de gestión ambiental para las próximas décadas. La apertura a una gestión mancomunada o externalizada de la planta de biomasa, sumada a la búsqueda consensuada de una ubicación, refleja una evolución en la política local hacia modelos más participativos y sostenibles. A pesar de los desafíos y los costes asociados a la demora, el compromiso con una infraestructura que transforme los residuos en recursos y cumpla con las exigencias europeas se mantiene inalterable, proyectando a Gandia como un referente en la adaptación a los nuevos paradigmas de la economía circular y la protección del medio ambiente.

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