El Real de Gandia aísla su conexión con Beniarjó tras detectar riesgo de colapso en el puente del Vernissa por la dana Adam

Redacción Safor
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El Real de Gandia aísla su conexión con Beniarjó tras detectar riesgo de colapso en el puente del Vernissa por la dana Adam

Días después de que la dana Adam descargara su furia sobre el litoral mediterráneo, la estela de la emergencia sigue revelando heridas profundas en la red viaria comarcal que no eran visibles en las primeras horas del temporal. La más reciente y preocupante ha obligado al Ayuntamiento de El Real de Gandia a decretar el cierre total y el vallado perimetral del puente que salva el río Vernissa, arteria vital que une este municipio con la vecina localidad de Beniarjó. La decisión, adoptada bajo estrictos criterios de precaución, responde al temor fundado de que la infraestructura haya sufrido daños estructurales severos tras el desbordamiento del cauce, cuyo caudal se multiplicó exponencialmente durante las jornadas de lluvia torrencial, socavando los cimientos y tensionando los vanos más allá de su capacidad de diseño.

Un historial de vulnerabilidad que vuelve a la actualidad

La imagen del paso cortado evoca fantasmas del pasado reciente en la comarca de la Safor. Este mismo viaducto ya protagonizó un episodio crítico en octubre de 2007, cuando unas precipitaciones extremas provocaron el derrumbe parcial de la estructura, dejando incomunicados a ambos municipios durante un largo periodo. Aquella catástrofe obligó a la Diputación de Valencia a acometer una compleja intervención de reconstrucción que supuso una inversión superior a los 400.000 euros y que mantuvo el tráfico interrumpido durante años. La memoria de aquel colapso pesa ahora sobre la decisión municipal: la acumulación de cañas y sedimentos arrastrados por la fuerza del agua, visible a simple vista en los pilares, y el deterioro evidente en las barreras de protección, actúan como indicadores inequívocos de que la dana Adam ha puesto a prueba, una vez más, los límites de la ingeniería hidráulica local.

El consistorio ha sido tajante: el paso permanecerá restringido hasta que los técnicos de la Generalitat Valenciana realicen una auscultación exhaustiva del firme, los apoyos y la cimentación para certificar si la seguridad de los usuarios puede garantizarse. Mientras tanto, la alternativa vial obliga a conductores y vecinos a realizar rodeos significativos, alterando la movilidad cotidiana y la logística agrícola de una zona donde las comunicaciones transversales son escasas y estratégicas. La situación pone de relieve la fragilidad de un territorio donde la red de drenaje y las infraestructuras viarias fueron diseñadas para regímenes pluviométricos que el cambio climático ha vuelto obsoletos.

La Safor bajo tensión: una red viaria herida de muerte

El cierre del puente del Vernissa no es un hecho aislado, sino la punta de iceberg de una crisis de infraestructuras que se extiende por toda la comarca. En Xeraco, las autoridades han tenido que clausurar temporalmente el camino de la Font de l’Ull tras el desprendimiento de un tramo de la vía, mientras que en Ador se ha procedido al corte de un sector del camino Collado, señalizando la zona ante el «muy mal estado» que presentan los firmes tras el paso del agua. Estos cortes, sumados a los daños en colectores, acequias y caminos rurales, dibujan un mapa de devastación silenciosa que compromete la vertebración territorial y la actividad económica principal de la zona, la agricultura citrícola, justo en plena campaña.

La magnitud de los destrozos ha activado todos los protocolos de emergencia supramunicipales. La Generalitat ha ordenado el confinamiento preventivo en amplias franjas del litoral sur valenciano y norte alicantino durante los momentos de mayor riesgo, una medida sin precedentes que subraya la gravedad del episodio meteorológico. El balance provisional deja un saldo trágico de cuatro fallecidos y centenares de rescates en una jornada que puso a prueba la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia en todo el arco mediterráneo. Paralelamente, la dana ha expuesto la fragilidad crónica de los sistemas de saneamiento y drenaje urbano, infraestructuras invisibles pero vitales que han colapsado bajo el volumen de agua, generando riesgos sanitarios y medioambientales que tardarán meses en resolverse.

Ante este panorama, la maquinaria administrativa ha comenzado a moverse para articular respuestas financieras. La Diputación y la Generalitat han puesto en marcha fondos de emergencia a los que ya se han adherido nueve nuevos municipios de la Safor, buscando agilizar la llegada de recursos para la reparación de vías, la limpieza de cauces y la restauración de servicios básicos. Sin embargo, la reapertura del puente entre El Real de Gandia y Beniarjó sigue supeditada al dictamen técnico definitivo, un trámite que podría alargarse si los informes revelan daños en la cimentación profunda, obligando a una intervención mayor que la simple reposición de barreras o limpieza de cauce. La comarca mira ahora al Vernissa no solo como un río, sino como la cicatriz que marca la vulnerabilidad de un territorio en primera línea del cambio climático.

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