El rescate en Oliva reabre el debate sobre la vigilancia: Solo Gandia y Tavernes de la Valldigna cuentan con socorristas en las playas durante el puente de mayo

Andrés Fuster Llorens
Andrés Fuster Llorens
Sucesos | Periodista especializado en sucesos, con más de 12 años de experiencia cubriendo la actualidad. Su labor se centra en informar sobre la seguridad ciudadana, emergencias y hechos de impacto social en la Safor con rigor, objetividad y profundidad.
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Una emergencia que sacude la costa y despierta interrogantes sobre la gestión de la seguridad en los riberas del Mediterráneo

El pasado sábado, cinco bañistas se sumergieron en la agua de Lance de l’Aigua Morta y, al caer la tarde, la escena se convirtió en una escena de rescate sin la presencia de socorristas. Bomberos, Guardia Civil, Policía Local y sanitarios se coordinaron para asistir a los grupos, trasladando a un menor a un centro sanitario. Afortunadamente, la intervención fue oportuna y todos los involucrados resultaron ilesos, pero la falta de vigilancia dejó una marca indeleble en la comunidad.

Este incidente ha reavivado un debate que permanece latente desde hace años: ¿es necesario extender el servicio de salvamento más allá de los tradicionales periodos de Semana Santa y Pascua? La respuesta no es simple. En la Safor, solo Gandia y Tavernes de la Valldigna mantienen socorristas durante el puente de mayo, mientras que Oliva, a pesar de su afluencia turística, no cuenta con esa cobertura. La pregunta se vuelve más urgente ante la creciente incidencia de olas de calor y la demanda de playas como refugio de sol y deporte acuático.

El contexto de la crisis climática y la presión sobre los recursos públicos convierte este asunto en un punto de inflexión, donde la responsabilidad del ayuntamiento, las decisiones de contratación y la seguridad ciudadana convergen en una única agenda de prioridades.

El panorama de la vigilancia costera y los contratos que la sustentan

La prestación del servicio de salvamento en la Safor se gestiona mediante contratos con empresas privadas. Provita ha sido el operador en Oliva desde 30 de marzo, pero su vínculo con el ayuntamiento terminó el 13 de abril, coincidiendo con el cierre del periodo de Semana Santa y Pascua. El próximo contrato debe renovarse en 2025, y las licitaciones se publican en la Plataforma de Contratación.

En la costa sur, los municipios de Miramar, Bellreguard, Daimús y Guardamar comparten un contrato conjunto que nunca incluye el puente de mayo. La última adjudicataria, Cruz Roja, tiene un contrato de cuatro años que finalizará en 2025, con una licitación en marcha por 1,3 millones de euros para dos años. El servicio abarca el período estival y el baño asistido.

Piles, a diferencia de Oliva, mantiene la prestación de Provita del 15 de junio al 15 de septiembre, con un contrato valorado en 400.000 euros. La alcaldesa, Cristina Fornet, argumenta que la continuidad del contrato evita la reducción de recursos, ya que se-os disponen de ambulancia y moto acuática. Además, se ha incorporado un balizamiento para marcar el paso de embarcaciones de emergencia.

En Xeraco, socorristas están presentes únicamente de junio a septiembre, bajo la supervisión de Eulen. La política de cobertura estival se mantiene constante en la mayoría de los municipios costeros.

Gandia, por otro lado, destaca como pionera en abrir la temporada de salvamento en marzo y cerrarla en octubre, extendiendo el servicio en ocasiones hasta el puente de noviembre cuando el calor persiste. La Cruz Roja ha sido adjudicataria de forma sostenida en las últimas décadas, y su presencia se percibe como un elemento de continuidad y confianza en la zona.

Tavernes de la Valldigna sigue la misma lógica que Gandia, garantizando la vigilancia del puente de mayo y de los períodos especiales de Semana Santa yuaa Pascua, con la Cruz Roja como responsable contractual.

El panorama revela una disparidad entre municipios, marcada por la ausencia de vigilancia en localidades con demanda turística creciente. La cuestión se vuelve aún más compleja cuando se considera el impacto del cambio climático en la frecuencia de olas de calor y la intensidad de la actividad acuática.

El debate que trasciende el rescate: ¿es la vigilancia un derecho o un privilegio?

El concejal de Playas, Salvador Llopis, sostiene que la afluencia de gente en Oliva es menor que en Gandia, por lo que la inclusión del puente de mayo no se justifica. Sin embargo, la realidad de la dinámica turística y la seguridad pública dicta otra perspectiva. Los rescates cotidianos de verano, que incluyen a personas fatigadas o con problemas con sus tablas de surf, no son extraordinarios y deben ser anticipados.

La ausencia de socorristas en Oliva se traduce en un mayor riesgo de incidentes, especialmente cuando la temperaturaorma del mar aumenta y los bañistas se exponen a condiciones climáticas adversas. El caso del sábado evidencia que, sin la presencia de profesionales capacitados, la respuesta depende de un conjunto diverso de fuerzas y recursos.

En un contexto donde la política municipal debe equilibrar la gestión de recursos y la seguridad ciudadana, la cobertura del servicio de salvamento se vuelve un punto de inflexión. Las decisiones de contratación, la asignación presupuestaria y la percepción pública convergen en un debate de relevancia que va más allá de la simple logística.

Implicaciones estratégicas y el futuro de la vigilancia costera

El rescate en Oliva no solo expone una brecha de cobertura, sino que también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la gestión de la seguridad en la costa valenciana. El aumento de la demanda turística y el riesgo de eventos climáticos extremos exigen una revisión sistemática de los contratos de salvamento y la extensión de la cobertura a periodos críticos como el puente de mayo.

La falta de vigilancia puede traducirse en un incremento de incidentes, lo que, a su vez, afecta la reputación turística del municipio y la confianza de los visitantes. Un aumento en la percepción de riesgo puede afectar la economía local, reduciendo la afluencia de turistas y, por ende, los ingresos municipales.

Para abordar la problemática, una estrategia integral debe contemplar la renegociación de contratos con entidades como Cruz Roja y Provita, la incorporación de tecnologías de monitoreo y la creación de un marco regulatorio que garantice caminhabilidad y seguridad en todos los periodos de alta demanda.

La necesidad de una vigilancia constante, especialmente durante los periodos de mayor afluencia, se vuelve unachez de la política municipal. La colaboración entre gobiernos locales, empresas PIL y la comunidad puede forjar soluciones sostenibles que aseguren la seguridad de los bañistas y el bienestar económico de la región.

En definitiva, el rescate de Oliva es un llamado a la acción: la seguridad costera no puede limitarse a un calendario RIGHTS tradicional. La gestión de la vigilancia debe evolucionar en consonancia con la realidad climática y la dinámica turística, garantizando que cada playa, sin importar el municipio, cuente con la protección que merece.

Para más noticias sobre la seguridad y la gestión pública en la Safor, consulta Palma de Gandia abre cinco expedientes sancionadores por incivismo y Gandia acogerá el 15 de agosto la 72.ª Travessa დამატებით al Port y la 23.ª Volta a l’Escullera.

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