
Una red comunitaria que detecta la soledad antes de que se vuelva crónica
En la mañana del 7 de agosto de 2026, la regidora de Sanidad y Políticas Saludables, Liduvina Gil, ofreció el primer balance público del proyecto Radars desde el salón de plenos del Ayuntamiento de Gandia. Su intervención dejó claro que el mérito de los resultados obtenidos no corresponde a la administración municipal, sino a la ciudadanía que ha decidido involucrarse activamente. Según Gil, el éxito del programa reside en la capacidad de los agentes locales —profesionales de la salud, trabajadores sociales, farmacéuticos y tenderos de barrio— para actuar como primeros detectores de situaciones de vulnerabilidad antes de que la soledad no deseada se instale de forma permanente.
El mecanismo es sencillo pero eficaz: cuando una persona mayor deja de visitar la farmacia durante varios días, el panadero observa que ya no baja a comprar su barra de pan habitual o el médico de familia percibe cambios en el estado de ánimo y la movilidad del paciente, la información se canaliza hacia el equipo de Radars. Allí, un trabajador social valora la necesidad y, si procede, se activa una red de apoyo que puede incluir visitas domiciliarias, llamadas de seguimiento o la inclusión del usuario en actividades grupales. Este enfoque evita que la soledad se convierta en un problema crónico y permite intervenir en etapas tempranas, cuando el individuo aún conserva la capacidad de reconectar con su entorno.
Los datos presentados por Gil revelan que, tras doce meses de funcionamiento, Radars está acompañando a 189 personas mayores de Gandia, una cifra que supera con creces las expectativas iniciales y que refleja la capacidad de respuesta de la red comunitaria. Cada uno de estos usuarios ha recibido, al menos, una intervención personalizada durante el último año, lo que ha contribuido a mejorar su calidad de vida y a reducir la percepción de aislamiento.
Expansión territorial y llamado al voluntariado para septiembre
Con la mirada puesta en el futuro, el Ayuntamiento de Gandia anunciará, a lo largo del mes de septiembre, una campaña de comunicación y captación de voluntariado cuyo objetivo es ampliar la red de apoyo del programa. La condición para participar es mínima: solo se requieren dos horas semanales de disponibilidad. Aunque pueda parecer poco tiempo, esas dos horas son suficientes para mantener una conversación significativa, acompañar a una persona en una caminata por el barrio o ayudar con trámites cotidianos que, para muchos mayores, representan una verdadera barrera.
La expansión no se limitará a la captación de manos solidarias; también contempla un crecimiento geográfico. Después de haber implantado con éxito Radars en los barrios de Joan Climent y Roís de Corella, el siguiente paso será el distrito del Grau. La intención es llegar progresivamente a todos los barrios de la ciudad, de modo que ningún vecino mayor quede fuera del alcance de la red de detección y apoyo. Esta decisión responde a una necesidad objetiva: en la Comunidad Valenciana cerca de 130.000 personas mayores experimentan distintos grados de soledad, una realidad que no conoce fronteras de barrio ni de municipio.
Para reforzar el mensaje de la campaña, el consistorio ha decidido vincular la iniciativa a otros eventos de relevancia local que estarán teniendo lugar durante el mismo periodo. Así, mientras la ciudad se prepara para disfrutar del eclipse solar de agosto, con actividades de yoga en la playa y observación astronómica, se aprovechará la atención pública para recordar que el cuidado de los mayores es una responsabilidad compartida. Además, la reciente aparición de soluciones como la climatización invisible en edificios públicos y privados muestra cómo la innovación tecnológica puede ponerse al servicio del bienestar social, creando entornos más cómodos y accesibles para la población de edad avanzada.
Derechos, no asistencia: la filosofía que guía a Radars
Uno de los aspectos más distintivos del programa radica en su enfoque conceptual. Liduvina Gil insiste en que Radars no es un servicio asistencial al uso, sino un programa de derechos. Esta distinción no es meramente semántica; refleja una convicción profunda de que envejecer en el propio domicilio, con autonomía y participación plena en la vida social, constituye un derecho fundamental y no un privilegio concedido por la administración. Desde esta perspectiva, cada acción del programa busca garantizar que los mayores puedan ejercer ese derecho, proporcionando los medios necesarios para que mantengan sus rutinas, sus relaciones y su sentido de pertenencia.
Para materializar esta visión, Radars ofrece un amplio abanico de actividades grupales que van más allá del simple ocio. Talleres de ejercicio físico adaptado, cursos de alfabetización digital, encuentros de conversación, sesiones de juegos de mesa y iniciativas creativas como pintura o escritura forman parte de la oferta. Estas actividades no se conciben como meros rellenos de tiempo, sino como espacios donde se reconstruyen vínculos, se recupera la costumbre de estar con otros y se refuerza la percepción de propio valor. En varios casos documentados, personas que ingresaron al programa en situaciones de aislamiento severo han logrado tejer una nueva red de amigos y conocidos, recuperando la confianza para salir de casa, participar en la vida vecinal y, en algunos instantes, volver a sentir que su presencia importa a la comunidad.
El impacto de Radars trasciende lo individual y se manifiesta en el tejido social de Gandia. Al fomentar la detección precoz de la soledad y la intervención comunitaria, el programa reduce la presión sobre los servicios sanitarios y sociales tradicionales, evitando que situaciones de vulnerabilidad escalen a crisis que requieran intervenciones más intensivas y costosas. Asimismo, al involucrar a comerciantes, profesionales sanitarios y ciudadanos de a pie, se crea una cultura de corresponsabilidad que fortalece el sentido de barrio y la cohesión urbana.
En conclusión, el primer año de Radars ha demostrado que, cuando la ciudadanía se organiza alrededor de un objetivo claro y basado en derechos, es posible transformar la realidad de cientos de mayores que, de otro modo, podrían permanecer invisibles. El reto para los próximos meses consiste en escalar ese modelo, captar más voluntarios y llevar la red a cada rincón de Gandia, asegurando que nadie tenga que enfrentar la soledad en silencio.




