
El pasado 15 de junio marks un hito en la historia del fútbol valenciano, un día que el CF Gandia no olvida y que, cada año, sirve de recordatorio de la gloria pasada y de la ilusión por el futuro. Se cumplen 35 años del primer ascenso de los gandienses a Segunda División B, un logro que, como bien saben los entendidos, «siempre fue mejor», pero que también abre la puerta a la reflexión sobre el presente y el rumbo de un club con una historia tan rica como compleja. En un contexto donde el conjunto blanquiazul busca su anhelado regreso a la élite del fútbol nacional, la memoria de aquel 15 de junio de 1986 se erige en un faro de esperanza y, al mismo tiempo, en un espejo en el que mirarse para entender el camino recorrido y el que queda por andar.
La gesta del ’86: Un día de gloria en el Guillermo Olagüe
La tarde del 15 de junio de 1986 no es solo una fecha en un calendario; es un episodio épico grabado con letras de oro en la memoria colectiva del club y de su afición. Tras casi tres décadas de paciencia y constancia en la Tercera División, el momento de la redención llegó para el conjunto gandiense. Bajo las órdenes de un joven Quique Hernández, un technician que creyó en el proyecto, el equipo logró el ansiado peldaño que le separaba de la categoría de bronce del fútbol español. Fue el resultado de una temporada de esfuerzo colectivo, de una solidez defensiva y de una capacidad goleadora que, en aquel momento crucial, estalló con fuerza.
El escenario fue el Guillermo Olagüe, un estadio que, aquel día, se transformó en un fortín. Una «marea blanquiazul» se abalanzó sobre las gradanas, un mar de aficionados que vitoreaban a sus héroes. La clasificación como segunda de grupo, a un solo punto del líder, la UD Alzira, fue el pasaporte a la gran final. Pero el camino no fue fácil. En la primera fase, el Gandia tuvo que superar a la UP Langreo, y en la ronda decisiva, el rival fue el CD Maspalomas. El partido de ida, disputado en Los Cristianos, ya dejó una ventaja de 1-0 a los gandienses. Sin embargo, fue en la vuelta, bajo el sol de junio y con una gradería totalmente volcada, donde se escribió la leyenda. Un 5-0 contundente, un auténtico festival de goles, selló el pase a la Segunda B. Los nombres de Rafa, Alberto y, sobre todo, el de Franco, con su hat-trick, quedaron para la posteridad. También Basauri, Guijarro, Sanmartín, Pomar, Luis Jiménez, Peiró, Chesa, Carlos Santandreu y el propio Alberto escribieron su nombre con letras de oro, conformando un equipo que, por primera vez, jugaba en una división que, curiosamente, se convertía en un único grupo de 22 equipos solo para esa temporada.
Un legado de seis temporadas y trece en total: El presente y el futuro del club
Aquel ascenso no fue un espejismo. Abrió una etapa de seis temporadas consecutivas en la Segunda B, un periodo que, en conjunto, suma trece temporadas en la historia del club en esta categoría. Esto demuestra que el Gandia no fue un visitante de paso, sino un competidor que supo mantenerse y, en ocasiones, even luchar por privilegios superiores. Hoy, 35 años después, el club vive un momento de transición y de renovación, con un nuevo rumbo que busca recuperar ese esplendor del pasado. La ilusión de la afición es legítima, pero también lo es la necesidad de construir un proyecto sólido y sostenible que permita, no solo soñar, sino hacer realidad ese anhelado regreso.
En esta línea de work, el futuro del club se construye sobre pilares que van más allá del puramente deportivo. La gestión, la cantera, la infraestructura y, sobre todo, el vinculación con la comunidad son fundamentales. Para entender el presente y el futuro del CF Gandia, es crucial analizar los retos actuales. En este sentido, la reflexión sobre los cinco pilares para un proyecto de futuro es imprescindible para cualquiera que quiera entender la estrategia del club. Paralelamente, el deporte también es una herramienta de transformación social, y la alianza del club con entidades como la Fundació Espurna para la inclusión social a través del fútbol demuestra un compromiso que trasciende la competición. Esta sinergia entre deporte y responsabilidad social es un ejemplo de cómo el fútbol puede ser un motor de cambio en la sociedad, un aspecto que merece la pena destacar y que se profundiza en initiatives como la extendida alianza con Cáritas y Basor Electric.
La memoria del 15 de junio de 1986 es, por tanto, un legado vivo. No es solo un recuerdo nostálgico, sino un punto de partida. Es un recordatorio de que, con, ilusión y un proyecto compartido, se pueden alcanzar cotas inesperadas. La afición del Gandia espera poder repetir aquella sensación de gloria, y para ello, el club debe mirar al futuro con la misma determinación con la que un joven Quique Hernández condujo a su equipo al cielo. El camino será largo, pero la historia del ’86 es la mejor prueba de que, en el fútbol, todo es posible si se cree. La celebración de estos 35 años es, en esencia, un acto de fe en que el próximo ascenso, el que tanto se anhela, no está tan lejos como parece.




