
Gandia, la ciudad del Mar y de la Fe, ha experimentado una transformación singular este puente de octubre de 2026. Las calles del centro histórico han dejado de ser un escenario cotidiano para convertirse en la vía procesional de uno de los encuentros religiosos más importantes del calendario cofrade nacional. Durante cuatro días, del 9 al 12 de octubre, la capital de la Safor ha sido la sede del XVIII Congreso Nacional de Hermandades y Cofradías de la Oración en el Huerto, conocido popularmente como Congreso Getsemaní. Una cita que ha congregado a representantes de las diferentes hermandades existentes en la geografía española, consolidando a Gandia como un polo de referencia indiscutible para la devoción a la Pasión de Cristo en su momento más íntimo y doloroso.
La atmósfera que ha envuelto a la ciudad durante estos días ha sido la de una auténtica peregrinación laica y espiritual, donde el olor a incienso se ha mezclado con la brisa otoñal del puerto. El evento no solo ha servido para revivir la devoción, sino para reforzar la proyección de la Semana Santa de Gandia y de su patrimonio cultural y religioso, convirtiendo a la ciudad en un punto de encuentro para cofrades y visitantes que han llegado desde las cuatro puntas de la península para compartir la experiencia del misterio de Getsemaní.
Un siglo y medio de historia viva en el corazón de la Safor
La celebración de este congreso no ha sido un hecho aislado, sino el eje central de un programa conmemorativo diseñado para honrar una fecha histórica de inmenso calado para la localidad: el 175 aniversario de la fundación, en 1850, de la Hermandad de la Sagrada Oración de Jesús. Esta corporación, cuyo paso es conocido con cariño por los gandienses como el «paso del Huerto», es la guardiana de una tradición que ha resistido los vaivenes del tiempo y de las circunstancias sociales, manteniendo viva la llama de una devoción que data de mediados del siglo XIX. Durante la jornada inaugural, celebrada en el recinto de la Casa de la Cultura, la ciudad desplegó todos sus medios para recibir a los miles de visitantes y cofrades que hicieron del evento un éxito de participación.
En el acto de apertura, el alcalde de Gandia, José Manuel Prieto, ha tenido palabras de orgullo para una ciudad que vuelve a situarse en el mapa nacional de la cultura religiosa. En su discurso, el primer edil no solo ha hecho gala de la hospitalidad habitual de la ciudad, sino que ha puesto en valor el trabajo que, año tras año, realiza la cofradía gandiense, reconociendo la dedicación que hay detrás de cada acto litúrgico y procesional.
«Extraordinario, incansable y admirable trabajo» es como el alcalde ha definido la labor de la cofradía gandiense, en un reconocimiento institucional que refuerza el vínculo entre la administración local y la hermandad.
Este respaldo político no es baladí, pues ha permitido que la Semana Santa de Gandia alcance una proyección cultural y patrimonial de primer orden, capaz de atraer miradas de toda la geografía nacional y de asegurar la continuidad de unas prácticas que, en otros tiempos, habían visto peligrar su existencia. La vigencia de estas costumbres en Gandia se evidencia no solo en las grandes citas cofrades, sino en la memoria colectiva de sus ciudadanos, como demuestra la trayectoria de personas que han dedicado su vida a reivindicar la esencia de la ciudad, tal y como se ha puesto de manifiesto recientemente con la figura de Piedad Vila Sesé, cuya longevidad y lucidez son un testimonio vivo de la continuidad de los valores locales.
El silencio del Huerto recorre las calles del centro histórico
Uno de los momentos cumbre de la programación ha sido la procesión que ha recorrido las calles del centro histórico, en la que han participado las diferentes cofradías asistentes al congreso. Bajo el peso de la solemnidad, las imágenes han desfilado acompañadas por el sonido de los tambores y el silencio respetuoso de los miles de espectadores que han abarrotado los pasos de la ronda. Este recorrido no es solo una manifestación de fe, sino una puesta en valor del patrimonio artístico y escultórico que Gandia conserva, convirtiendo el casco antiguo en un museo al aire libre durante el fin de semana.
La eucaristía del Congreso Nacional Getsemaní ha seguido a esta procesión, cerrando un ciclo de actos que han puesto el foco en el misterio de la Oración en el Huerto, el instante en que Jesús sufre la angustia antes de su entrega. La devoción a la Oración en el Huerto posee una fuerza espiritual especial, pues conecta con el sufrimiento humano más profundo y con la búsqueda de consuelo en los momentos de prueba. Es, en definitiva, una invocación a la compañía divina en la soledad, un mensaje que resuena con fuerza en una sociedad contemporánea y que ha encontrado en Gandia un hogar privilegiado para su expresión pública.
Una plataforma de encuentro para el futuro de la cofradía
Más allá del impacto espiritual y cultural, el congreso ha funcionado como una plataforma de intercambio de experiencias entre las distintas hermandades. Los congresos Getsemaní sirven para dotar de herramientas a las cofradías para gestionar su patrimonio, mejorar sus procesos y fortalecer sus lazos de fraternidad. Para Gandia, acoger este evento ha supuesto un impulso adicional para la promoción de su Semana Santa, un evento que, en años recientes, ha visto cómo su reconocimiento crecía hasta el punto de que líderes políticos y sociales han sentido la necesidad de rendir homenaje a estas raíces, tal y como ocurrió en el inesperado homenaje de un líder político que supo emocionarse ante la tradición gandiense.
A medida que el puente de octubre concluye y las imágenes vuelven a sus templos, Gandia se queda con la satisfacción de haber sido, durante cuatro días, la capital espiritual de la Oración en el Huerto. La Hermandad de la Sagrada Oración de Jesús cierra una etapa de celebración marcada por el 175 aniversario, pero con la vista puesta en el futuro, con la certeza de que su labor, amparada por el respaldo institucional y el cariño de los gandienses, seguirá siendo un pilar fundamental de la identidad de la ciudad. El éxito de esta XVIII edición confirma que la fe y la tradición siguen siendo motores capaces de movilizar a miles de personas y de dar sentido a la vida de una comunidad.




